
Dos años de evolución y una sorpresa desagradable
Soy usuario de Apple desde hace muchos años. Me gustan sus productos, su accesibilidad, sus cámaras y la integración de su ecosistema.
En dos mil veinticuatro compré un iPhone dieciséis Pro Max de un terabyte. Su precio oficial de lanzamiento en España era de mil novecientos sesenta y nueve euros. Dos años después he comprado un iPhone dieciocho Pro, también de un terabyte. Su precio oficial es de dos mil doscientos diecinueve euros.
Mi nuevo teléfono cuesta doscientos cincuenta euros más que el anterior, aunque también he pasado de un Pro Max a un Pro. Esperaba encontrar una evolución tecnológica. La he encontrado en muchos aspectos, pero también he descubierto algo que me ha decepcionado profundamente.
Mi iPhone dieciséis Pro Max utiliza memoria NAND TLC. Mi nuevo iPhone dieciocho Pro utiliza NAND QLC. Lo he comprobado personalmente consultando los datos de diagnóstico de ambos dispositivos.
¿Qué son las memorias TLC y QLC?
La memoria NAND almacena nuestras fotografías, vídeos, aplicaciones y documentos. La tecnología TLC guarda tres bits de información por celda. La QLC almacena cuatro.
La ventaja de QLC es que permite aumentar la densidad de almacenamiento y reducir los costes de fabricación. Su inconveniente es que, generalmente, ofrece menor velocidad de escritura directa y menor resistencia al desgaste que TLC. Pasar de TLC a QLC no representa necesariamente una mejora para el comprador, especialmente en un teléfono de más de dos mil euros.
Las pruebas de rendimiento: una caída espectacular
En pruebas externas de escritura prolongada realizadas sobre un iPhone dieciocho Pro Max de un terabyte con memoria QLC, la velocidad inicial supera los tres mil megabytes por segundo. Tras agotar las primeras fases de aceleración, se registran aproximadamente quinientos setenta y ocho megabytes por segundo y, posteriormente, una media de setenta y nueve coma cuatro megabytes por segundo en escritura directa.
Con el almacenamiento ocupado al sesenta por ciento, esa prueba registra una media de cuarenta y cinco megabytes por segundo y mínimos puntuales de uno coma uno. Son resultados de escritura intensiva y sostenida, no las velocidades habituales en todas las tareas.
La diferencia entre el rendimiento inicial y el sostenido es precisamente lo que me preocupa en un dispositivo dirigido a usuarios exigentes, creadores de contenido y profesionales.

Nota: gráfica ilustrativa creada con inteligencia artificial a partir de mediciones publicadas por terceros. Combina pruebas diferentes y no constituye una medición continua y homogénea de los tres dispositivos según se llenan.
Mi iPhone de hace dos años tenía TLC
Mi iPhone dieciséis Pro Max de un terabyte incorpora NAND TLC. Mi iPhone dieciocho Pro de un terabyte incorpora NAND QLC. En el modelo más reciente, Apple ha elegido una tecnología que permite almacenar más información por celda, pero que presenta desventajas conocidas en escritura directa y resistencia al desgaste.
El nuevo iPhone tiene mejores cámaras, un procesador más avanzado y otras mejoras que valoro positivamente. Pero eso no elimina mi decepción con el almacenamiento. No considero razonable que un comprador tenga que investigar los componentes internos de un teléfono de gama alta para descubrir estas diferencias.
Cuanto más almacenamiento compras, más dinero pagas
El iPhone dieciocho Pro de quinientos doce gigabytes cuesta mil setecientos diecinueve euros; el de un terabyte, dos mil doscientos diecinueve; y el de dos terabytes, dos mil novecientos sesenta y nueve euros, según los precios de referencia utilizados en esta comparativa.
Pasar de quinientos doce gigabytes a un terabyte supone pagar quinientos euros adicionales. Elegir dos terabytes significa desembolsar mil doscientos cincuenta euros más que por la versión de quinientos doce gigabytes.
Resulta paradójico que pagar más por una capacidad superior pueda significar recibir una tecnología con peores características de escritura sostenida.
Apple debería explicar qué estamos comprando
Apple proporciona información detallada sobre las cámaras, las pantallas, los procesadores y la autonomía. Sin embargo, no identifica comercialmente el tipo de memoria NAND utilizado en cada configuración ni publica velocidades de escritura sostenida que permitan comparar las distintas capacidades.
No estoy pidiendo que todos los compradores tengan conocimientos de ingeniería. Estoy pidiendo transparencia sobre un componente fundamental de un producto extraordinariamente caro.
Mi recomendación: compra el de quinientos doce gigabytes
Salvo que necesites absolutamente más almacenamiento, elegiría el iPhone dieciocho Pro de quinientos doce gigabytes. Las pruebas externas examinadas identifican memoria TLC en esa configuración, mientras que la versión de un terabyte analizada incorpora QLC.
Además, el ahorro económico es considerable. Naturalmente, quien necesite más capacidad tendrá que valorar sus necesidades. Pero si quinientos doce gigabytes son suficientes para ti, mi elección sería esa.
Conclusión: ser usuario de Apple también significa exigirle más
Me gustan los productos de Apple y seguiré disfrutando de ellos. Mi iPhone dieciocho Pro es un teléfono extraordinario en muchos aspectos. Pero eso no significa que todas las decisiones de Apple me parezcan acertadas.
Hace dos años compré un iPhone de un terabyte con memoria TLC. Hoy tengo otro iPhone de un terabyte, dos generaciones más moderno, con memoria QLC. Después de conocer los resultados de las pruebas de escritura sostenida, considero que este cambio merece una explicación.
Dos años después, tengo un iPhone más moderno y más caro, pero con una memoria que considero un paso atrás. Y como consumidor, tengo todo el derecho a decirlo.
Emiliano Comenta.

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