¿Merece la pena pagar más por unas Ray-Ban Meta? Mis primeras impresiones como usuario ciego.
Llevo tiempo utilizando gafas inteligentes y tengo bastante claro lo que espero de ellas. No necesito que sustituyan a mi teléfono ni que me prometan un futuro de ciencia ficción. Quiero que me permitan hacer cosas útiles, de manera rápida, cómoda y, sobre todo, accesible.
Las gafas inteligentes tienen un atractivo especial para quienes somos ciegos. Poder preguntar qué tenemos delante, compartir nuestra perspectiva con otra persona o realizar una videollamada sin sacar el teléfono del bolsillo son posibilidades que tienen mucho más valor del que puede parecer a primera vista.
Mis últimas incorporaciones son las Meta Adventurer, unas gafas que me han costado 309 euros, con montura negra, cristales marrones tintados y estuche de carga.
Ya utilizo unas Ray-Ban Meta de tercera generación, así que inevitablemente he terminado comparándolas.
Y lo curioso es que las Adventurer me han sorprendido precisamente en un apartado en el que esperaba que las Ray-Ban llevaran ventaja: el diseño y los acabados.
Pero vayamos por partes.
Un estuche que parece un Toblerone y se convierte en una tabla
Lo primero que llama la atención al sacar las Adventurer de su caja es el estuche.
Tiene una forma triangular que recuerda bastante a un Toblerone. Está recubierto de un material que parece cuero sintético y transmite una sensación agradable al tacto.

Hasta aquí, podríamos pensar que se trata de otro estuche de gafas inteligentes.
Pero tiene truco.
El estuche es plegable.
Cuando las gafas están guardadas, mantiene su forma triangular. Sin embargo, al sacarlas, podemos plegar sus distintas partes hasta convertirlo prácticamente en una tabla.
Y esto me parece una idea estupenda.
Un estuche de gafas suele ocupar lo mismo cuando está lleno que cuando está vacío. Aquí no ocurre eso.
Cuando llevo las gafas puestas, puedo plegar el estuche y guardarlo de una manera mucho más cómoda.
Para introducir las gafas hay que desplegar la estructura interior y colocarlas boca abajo, sobre la zona de carga. Los imanes ayudan a mantenerlas correctamente situadas.
Todo el mecanismo resulta bastante intuitivo una vez que lo hemos explorado con las manos.
Tiflohack: el botón de emparejamiento y el USB-C
Hay dos detalles del estuche que conviene conocer, especialmente si vamos a utilizarlo sin visión.
El primero es el botón de emparejamiento.
Se encuentra en el interior, en uno de los bordes de la superficie donde se apoyan las gafas. Es un botón fino y alargado, que puede pasar desapercibido durante una primera exploración táctil.
El segundo es el conector USB-C.
Está situado en una de las bisagras del estuche.
Podemos conectarlo tanto con el estuche abierto como plegado, y también cargarlo mientras las gafas están guardadas.
Son detalles sencillos, pero conocerlos evita perder tiempo buscando controles que no siempre resultan evidentes.
Diseño: por fin una montura que me gusta tocar
Aquí llega una de mis mayores sorpresas.
Tengo unas Ray-Ban convencionales, modelo 4420, cuyo acabado me parece francamente bueno.

Sin embargo, cuando empecé a utilizar las Ray-Ban Meta, hubo algo que nunca terminó de convencerme.
El tacto.
Las monturas de mis Ray-Ban Meta tienen unos bordes que encuentro demasiado marcados y una sensación de plástico inyectado que no me resulta tan refinada como la de mis Ray-Ban tradicionales.
Pues bien, las Adventurer me han dado una sorpresa.
Su acabado me gusta más.
Tanto el frontal como las patillas tienen superficies suaves, sin esas aristas pronunciadas que noto en las Ray-Ban Meta.
Y no es solamente una cuestión de tacto.
Las Adventurer también presentan una estética más limpia y discreta. Su montura prescinde del logotipo de Ray-Ban en relieve, que puede distinguirse al tacto en las otras gafas.
Ese pequeño detalle hace que la superficie resulte más uniforme y que el diseño me parezca más depurado.
Las formas también son diferentes.
Las Adventurer tienen una silueta más cuadrada, mientras que mis Ray-Ban Meta presentan una forma más trapezoidal.
Otra diferencia importante está en la nariz.
Las Adventurer incorporan almohadillas nasales ajustables, con tres posiciones de regulación. Esto permite adaptar mejor el apoyo de la montura.
Además, los extremos de las patillas son flexibles, algo que contribuye a la comodidad.
Al ponérmelas, la sensación ha sido muy agradable.
¿Y cuánto pesan realmente?
Aquí tenemos cifras concretas.
Las Meta Adventurer pesan 53,8 gramos en talla estándar y 54,8 gramos en talla grande.
El estuche de carga pesa aproximadamente 203 gramos.
Son unas cifras interesantes para unas gafas que incorporan cámara, altavoces, micrófonos, batería y electrónica.
Personalmente, la sensación que me transmiten al llevarlas es de bastante ligereza y comodidad.
¿Cómo quedan puestas?
Como no puedo juzgar visualmente su aspecto, aproveché un paseo con Quari para pedir opiniones.
Me encontré con Celso y le pregunté qué le parecían.
Me confirmó que la montura era negra y que los cristales tenían un tono marrón.
También quise saber hasta qué punto se veían mis ojos a través de ellos.
Según me explicó, los cristales permiten cierta transparencia, pero para distinguir los ojos hay que acercarse y fijarse bastante.
Además, comentó espontáneamente que las gafas eran muy bonitas y parecían pesar muy poco.
Más tarde me encontré con Salva, que me dio una impresión parecida sobre la visibilidad de los ojos.
Por tanto, aunque los cristales no son completamente opacos, ofrecen una cobertura visual considerable.
Y eso, personalmente, me gusta.
Características técnicas: qué llevan realmente las Meta Adventurer
Vamos a dejar por un momento las impresiones personales y entrar en las especificaciones.
Porque estas gafas no son simplemente una montura con una cámara y un asistente de voz.
Cámara y fotografía
Las Adventurer incorporan una cámara ultra gran angular de 12 megapíxeles, con un campo de visión de 100 grados.
La resolución de las fotografías es de 3024 por 4032 píxeles.
El campo de visión amplio permite captar una porción considerable de lo que tenemos delante, algo especialmente interesante cuando utilizamos la cámara para obtener descripciones visuales mediante inteligencia artificial.
Grabación de vídeo
Aquí encontramos varias posibilidades:
- 3K a 30 fotogramas por segundo, para grabaciones de mayor resolución.
- 1080p+ a 30 o 60 fotogramas por segundo, con una opción de mayor fluidez.
- 720p+ a 120 fotogramas por segundo, para grabación a cámara lenta.
También disponen de modos de cámara lenta y grabación acelerada, conocida como hyperlapse.
La grabación incorpora estabilización de imagen.
Son prestaciones que permiten utilizar las gafas tanto para capturar momentos cotidianos como para obtener vídeos desde nuestra propia perspectiva.
Y esa perspectiva, cuando tenemos las manos ocupadas o estamos caminando, es precisamente una de las ventajas de este formato.
Micrófonos y altavoces
Las Adventurer incorporan seis micrófonos.
Este conjunto se utiliza para captar nuestra voz durante las llamadas, las grabaciones y las interacciones con Meta AI.
También disponen de dos altavoces integrados en las patillas, con un sistema de audio abierto.
Esto significa que podemos escuchar música, llamadas y respuestas del asistente sin introducir auriculares en los oídos.
El sistema incorpora ajuste adaptativo del volumen.
Para mí, el audio abierto tiene una ventaja fundamental: permite escuchar las respuestas de las gafas sin aislarme completamente de los sonidos del entorno.
Almacenamiento
Las gafas incorporan 32 GB de memoria interna.
Según las cifras de capacidad anunciadas, pueden almacenar más de mil fotografías o más de cien vídeos de treinta segundos.
Las capturas se transfieren posteriormente al teléfono mediante la aplicación de Meta AI.
Es decir, no necesitamos tener el teléfono en la mano para realizar una fotografía o grabar un vídeo.
Batería y autonomía
Meta anuncia más de ocho horas de autonomía con una carga, dependiendo del tipo de utilización.
La reproducción continua de audio ronda las cinco horas según las especificaciones de referencia.
El estuche plegable proporciona hasta cuarenta horas adicionales de autonomía.
Por tanto, contando las gafas y las recargas del estuche, hablamos de una autonomía total anunciada que puede alcanzar aproximadamente las cuarenta y ocho horas.
La carga del estuche se realiza mediante USB-C.
Conectividad y compatibilidad
Las Adventurer incorporan Wi-Fi 6 y Bluetooth 5.4.
Funcionan con la aplicación Meta AI y son compatibles con teléfonos que utilicen iOS 17 o posterior y Android 10 o posterior.
Desde esa aplicación podemos gestionar la configuración, importar nuestras capturas y personalizar determinadas funciones.
Controles
Las gafas disponen de un botón físico de captura, un botón de acción configurable y una superficie táctil en la patilla.
También admiten órdenes de voz.
Esta combinación es especialmente interesante porque permite utilizar diferentes controles para funciones distintas, sin depender siempre de pronunciar una instrucción.
Montura y lentes
Las Adventurer están disponibles en talla estándar y grande, con diferentes combinaciones de montura y cristales.
Admiten lentes graduadas dentro del rango compatible y existen opciones transparentes, tintadas, polarizadas y fotocromáticas.
Las almohadillas nasales permiten ajustar el apoyo y las patillas incorporan elementos flexibles para mejorar la adaptación.
Inteligencia artificial
Las gafas integran Meta AI, que permite realizar consultas mediante la voz y utilizar la cámara para obtener información sobre aquello que tenemos delante.
También ofrecen funciones de traducción en tiempo real.
La inteligencia artificial no se limita a contestar preguntas generales: puede intervenir en situaciones cotidianas en las que necesitamos interpretar información visual.
Y ahí es donde, para mí, empieza lo más interesante.
Una generación dos punto cinco
Después de conocer sus características y compararlas con las Ray-Ban Meta que utilizo habitualmente, se me ocurrió una manera bastante peculiar de definirlas.
Para mí, las Adventurer son unas Meta de generación dos punto cinco.
No es una denominación oficial, naturalmente.
Es mi manera de explicar que combinan prestaciones que ya conocemos de otras gafas Meta con algunas soluciones nuevas que me parecen especialmente acertadas.
Tenemos una cámara de doce megapíxeles, vídeo 3K, seis micrófonos, inteligencia artificial, un botón de acción configurable y una montura con mejores posibilidades de ajuste.
No estamos ante unas gafas que reinventen por completo el concepto.
Pero tampoco me parecen un simple producto barato al que le hayan quitado funciones para reducir el precio.
De hecho, hay decisiones de diseño que prefiero claramente frente a mis Ray-Ban Meta.
Y eso tiene mérito.
Accesibilidad: convertir las gafas en un gatillo de información
Esta es probablemente la parte que más me interesa de todo el producto.
Una persona ciega puede utilizar la cámara de unas gafas inteligentes para obtener información visual sin necesidad de sacar el teléfono del bolsillo.
Y las Adventurer permiten hacerlo de una manera muy cómoda.
He configurado una pulsación prolongada sobre el panel táctil para ejecutar directamente una instrucción de Meta AI:
«Mira y dime qué tengo delante».
Así no necesito pronunciar constantemente «Hey Meta».
Simplemente mantengo pulsado el panel táctil y solicito información.
A esta forma de utilizar las gafas la llamo ir gatilleando información.
Voy caminando, necesito saber algo y activo la descripción.
No se trata de pedirle a la inteligencia artificial que me cuente todo lo que sucede continuamente. Prefiero solicitar información concreta cuando la necesito.
Además, hay otra posibilidad que me resulta especialmente interesante.
Cuando Meta AI termina de responder, mantiene durante unos instantes la posibilidad de continuar la conversación.
En mis pruebas, ese margen ha rondado los tres segundos.
Esto permite hacer una segunda pregunta relacionada con la primera sin repetir la orden de activación.
Por ejemplo, puedo solicitar una descripción general y después preguntar por algún detalle concreto de lo que acaba de describirme.
Esa continuidad hace que la interacción resulte mucho más natural.
El botón de acción: dos formas de utilizar Meta AI
También he personalizado el botón de acción.
Durante las llamadas, lo utilizo para silenciar o reactivar el micrófono.
Fuera de una llamada, puedo emplearlo para iniciar una interacción con Meta AI sin ejecutar necesariamente una instrucción visual concreta.
Así tengo dos accesos diferentes.
Uno sirve para obtener información visual de manera inmediata.
El otro me permite realizar preguntas más abiertas.
Me gusta esta separación porque evita tener que navegar por menús o recordar una secuencia complicada de gestos.
Y cuando utilizamos un dispositivo sin visión, cuanto más predecibles son los controles, mejor.
Be My Eyes: una persona voluntaria mirando a través de mis gafas
Otra de las funciones que más valoro es la integración con Be My Eyes.
Para quienes no conozcan el servicio, Be My Eyes permite que una persona ciega reciba asistencia visual mediante una videollamada con una persona voluntaria.
Tradicionalmente, esto implica utilizar la cámara del teléfono.
Pero con unas gafas inteligentes compatibles podemos compartir directamente lo que capta la cámara situada en la montura.
La ventaja es evidente.
No tenemos que sujetar el teléfono ni preocuparnos de mantenerlo orientado con una mano.
Podemos dirigir la cabeza hacia aquello que queremos mostrar.
La primera vez es necesario vincular la cuenta y conceder los permisos correspondientes.
Después podemos solicitar la asistencia utilizando los controles de las gafas o mediante una orden de voz.
Por ejemplo:
«Hey Meta, Be My Eyes».
Para mí, esta integración representa una de las aplicaciones más útiles de las gafas inteligentes.
No porque sustituya a otras herramientas de accesibilidad, sino porque simplifica una tarea que antes requería manipular el teléfono.
WhatsApp: compartir lo que ven las gafas
También podemos utilizar las Adventurer para compartir la cámara durante una videollamada de WhatsApp.
Imaginemos que quiero mostrarle algo a un familiar.
Puedo iniciar una llamada mediante una orden de voz:
«Hey Meta, llama a mi hermano por WhatsApp».
Una vez establecida la comunicación y realizadas las autorizaciones necesarias, una doble pulsación sobre el botón de captura permite compartir la perspectiva de la cámara de las gafas.
El teléfono puede permanecer guardado.
Esto tiene una utilidad muy concreta.
La otra persona puede observar lo que tengo delante sin que yo necesite sujetar el móvil.
Para alguien que utiliza un bastón o un perro guía, liberar las manos no es precisamente un detalle menor.
También permite enseñar objetos, consultar información visual o compartir situaciones cotidianas de una manera mucho más espontánea.
El sonido: una parte esencial de la experiencia
En unas gafas inteligentes, los altavoces y los micrófonos tienen tanta importancia como la cámara.
Al fin y al cabo, buena parte de nuestra relación con el dispositivo se produce mediante la voz.
Las Adventurer incorporan dos altavoces abiertos y seis micrófonos.
En mis primeros contactos, el sonido me ha producido una impresión agradable.
Las respuestas de Meta AI se escuchan directamente desde las patillas y no necesito utilizar auriculares adicionales.
Este diseño también me permite seguir percibiendo sonidos ambientales, algo fundamental cuando camino por la calle.
Eso sí, conviene distinguir dos cuestiones.
Una cosa es que las gafas incorporen seis micrófonos y otra que su captación de voz sea necesariamente mejor que la de cualquier otro modelo.
Lo mismo sucede con los altavoces: su calidad no se puede deducir simplemente del número de componentes.
Por eso prefiero valorar el sonido por lo que realmente escucho y no convertir una ficha técnica en una conclusión sobre su rendimiento.
La experiencia sonora con las Meta Adventurer resulta muy agradable. No obstante, hay una diferencia que merece la pena destacar: las Ray-Ban Meta de tercera generación han hecho un trabajo excepcional con el audio, y se nota al escuchar música. Cuando utilizo las Adventurer por separado, no echo de menos una pegada especial en los graves; sencillamente disfruto de la música. Pero si escucho una canción, me quito las Adventurer, me pongo mis Ray-Ban Meta Gen 3 Wayfarer y reproduzco exactamente la misma canción, hay que reconocer que Ray-Ban gana. Los graves tienen más contundencia, más punch. No diría necesariamente que el sonido tenga más cuerpo, sino que las frecuencias bajas tienen una pegada que no encuentro en las Adventurer. Es una diferencia que me ha sorprendido y que se aprecia mucho mejor al alternar entre ambos modelos. Además, las gafas no disponen de un ecualizador específico para ajustar sus altavoces de manera independiente. Esta comparación se refiere a la reproducción musical; todavía quiero probar ambos modelos en las mismas condiciones antes de sacar conclusiones sobre llamadas y asistentes de voz en ambientes ruidosos.
¿Qué estamos pagando realmente?
Mis Adventurer cuestan 309 euros, con su estuche de carga plegable.
La versión más económica, con estuche enchufable, parte de 259 euros.
Existen también configuraciones con diferentes lentes y acabados que modifican el precio.
En mi caso, he elegido la montura negra con cristales marrones tintados.
Frente a ellas, mis Ray-Ban Meta de tercera generación pertenecen a una gama de precio superior.
Y aquí aparece una pregunta interesante:
¿Cuánto estamos pagando por las prestaciones y cuánto por llevar una determinada marca en la montura?
No pretendo quitar valor a Ray-Ban. Tengo gafas convencionales de la marca y precisamente por eso conozco lo agradable que puede resultar una montura bien terminada.
Pero me llama la atención que las Adventurer, siendo más económicas, me hayan convencido más en determinados aspectos físicos.
Prefiero su tacto, sus bordes suaves, la limpieza de su diseño y la posibilidad de ajustar las almohadillas nasales.
También me parece muy ingenioso el estuche plegable.
Y, desde el punto de vista de la accesibilidad, ofrecen funciones tan importantes como Meta AI, Be My Eyes y la posibilidad de compartir la cámara durante llamadas de WhatsApp.
Por tanto, las Adventurer no me parecen una alternativa interesante únicamente por su precio.
Me parecen interesantes por lo que ofrecen y por cómo están diseñadas.
Dónde encontrarlas
He comprado la versión de 309 euros, con montura negra, cristales marrones tintados y estuche de carga.
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¿Por qué no hablo de todas las funciones de Meta AI?
Quizá os preguntéis por qué en este artículo no me detengo a explicar todas las funciones de inteligencia artificial que ofrecen las Meta Adventurer.
La respuesta es muy sencilla: porque son prácticamente las mismas que encontramos en las Ray-Ban Meta de primera, segunda y tercera generación.
Las posibilidades de Meta AI, los comandos de voz, las consultas sobre lo que tenemos delante y las herramientas que utilizamos habitualmente siguen formando parte de la misma experiencia.
Por eso, en lugar de repetir una explicación de funciones que ya conocemos, he querido centrar este análisis en lo que realmente cambia con las Adventurer: el diseño de la montura, los cristales, el estuche plegable, el botón de acción y el precio.
No se trata de que las funciones de inteligencia artificial sean poco importantes. Todo lo contrario. Para mí, como usuario ciego, son una de las principales razones para utilizar gafas inteligentes.
Pero este artículo trata precisamente de lo que hace diferentes a las Meta Adventurer, no de volver a contar todo lo que ya podemos hacer con unas gafas Meta.
Mis conclusiones
Las Meta Adventurer han conseguido algo que no esperaba: sorprenderme antes incluso de empezar a utilizar todas sus funciones.
Y lo han hecho por algo tan sencillo como el diseño.
Me gusta tocar su montura, me resulta cómoda y agradezco que tenga superficies suaves y un acabado más limpio que el de mis Ray-Ban Meta.
Las almohadillas nasales ajustables también son un acierto.
El estuche plegable, con esa peculiar transformación de Toblerone a tabla, me parece una solución especialmente práctica.
Pero lo que realmente da sentido a unas gafas como estas es la posibilidad de acceder a información visual sin tener que sacar el teléfono.
Poder mantener pulsado un control y preguntar qué tengo delante, continuar una conversación con Meta AI, utilizar Be My Eyes o compartir mi perspectiva mediante WhatsApp son funciones que encajan perfectamente con mi manera de utilizar la tecnología.
No busco dispositivos que hagan las cosas más complicadas.
Busco dispositivos que me permitan hacerlas de forma más sencilla.
Y estas Adventurer van en esa dirección.
¿Son mejores que mis Ray-Ban Meta en todos los apartados? No puedo afirmarlo.
Lo que sí puedo decir es que su diseño me ha gustado más, su comodidad me ha sorprendido y sus posibilidades de accesibilidad hacen que los 309 euros me parezcan una propuesta muy interesante.
Al final, lo importante no es solamente cuánta tecnología podemos meter dentro de unas gafas.
Lo importante es cuánto nos facilitan la vida cuando nos las ponemos.
Y en eso, las Meta Adventurer han empezado con muy buen pie.
Emiliano Comenta
Tecnología, accesibilidad y experiencias contadas desde la vida real.

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